Era el día. Había escuchado decir muchas veces que los sábados en la noche frecuentabas un local de la calle Lavalle para jugar Pool, una de tus tantas aficiones y te supuse allí, sobre la mesa, con la mirada fija en el marfil envejecido de la blanca que premeditaba su estrategia, las manos sujetando el taco con precisión de cazador y un brillo en los ojos algo especial....Tarde comprendería que el marfil es resina fenólica y los ojos brillan también de indiferencia.
No le hice caso a la razón que impertinente masacraba mis neuronas ejerciendo de abogado acusador y me coloqué ante el espejo para acicalarme intentando componer una presentable figura, un toque de carmín, siempre dices que adoras desdibujar mis labios, polvo de rubor difuminando mi piel, un sedoso tacto que me recuerda tus dedos paseando mi silueta y unas gotas de aquel perfume, Jazmín de Octubre, que me regalaste por Navidad.
Una vieja sirena sonaba de fondo, eco sordo.
Salgo apresurada colocando un pañuelo en mi cuello, la noche será larga y por esos arrabales la humedad cala en los huesos, tiro de la puerta con fuerza como para no volver jamás y una sonrisa se pinta en mi rostro.
Aún por la escalera me coloco como puedo los zapatos, reviso el bolso y salgo al portal.
Luz de candilejas amarilleadas por el tibio calor del aceite alumbran la calle, clarean las sombras tintineando a su paso las escasas figuras que pasean,
un olor a madera barnizada empapa el ambiente, olor a recuerdos, olor de ayer.
Dueña de la calzada, se nota en mis ojos esa alegría que nace cuando al fin vas a una cita y los nervios no te dejan cambiar el rictus, siempre sonriente. Entre dientes tarareo un bolero:
Te quiero,
yo no sé si deba decir
que te quiero,
te quiero
mis ojos me delatan al mirar,
y en mis lagrimas van
los suspiros de ayer
engarzando a tu pelo,
el sabor de tu piel
acariciando el mar.
la, la, la
Mis caderas se mueven con ritmo musical y mis tacones acompañan como un cuerpo de orquesta. Ensimismada en mi caminar y en el sonido de mis pasos, no escuché el seco sonido del claxon de aquel coche...! Qué me importaba a mi cumplir con las reglas de urbanidad!
El vapor de las alcantarillas envuelve los rostros apagados de aquellos que esperan ansiosos el autobús, el viejo café cumplió su tarea, hoy no habrá actuación, y sus puertas se esconden tras esas rejas de la inseguridad que lentamente acomoda aquel hombre, no creo que alcance a reconocerme, pero levanto mi mano para saludarlo, sus ojos han decidido no esforzarse mas y yo no insisto, mirada triste, pasos cansados, tiempos pasados,...En su perdida monotonía es feliz, no necesita salir corriendo tras un sueño cada madrugada, cada amanecer.
Mañana le contaré mi aventura, mientras él se ocupe de prepararme media docena de facturas crujientes, calentitos, que se deshagan en la boca y que tomaré con un café bien cargado frente a la ventana intentando sorprender al sol y a mi misma.
Ha sido mi cómplice tantas veces,
__ ¿Con dos de azúcar rubia?___ me preguntaba___ con ese acento porteño
___Morena__ le decía yo___ y le regalaba una sonrisa en ese diario ritual, mientras él me servia un café largo y espeso, humeante, evaporando efluvios y vahos de ese tueste especial.
Tantos años junto aquel largo ventanal tomando café, tanto tiempo de miradas furtivas, silenciosas conversaciones evitando que trascienda nuestro parecer, como escondiendo la vida tras el sorbo amargo de un café brasilero y con tanto por hacer...
Se apagó la farola a mi paso, miro el reloj...será la hora del obligado silencio...
No puedo evitar pararme y recordar cómo te conocí: hacia dos días que había llegado a la ciudad y después de acomodar mis cosas en aquel pequeño apartamento de la Avenida de Mayo casi esquina a Tacuarí, salí a desayunar, se me hizo inmensa comparada con las cuatro paredes que albergarían mi alma, caminé buscando un café y al pasar vi tu rostro a través de la ventana, disfrutabas un café paladeando la espuma manchada que se quedaba en la línea de tus labios, ni te fijaste en mi. Tu mirada estaba perdida entre aquellas maderas que cubrían las paredes, reposando tus manos sobre un papel en aquel mármol verde que tantas veces después acaricie.
Entré y me senté al final de la larga barra, mil fotografías contaban en silencio la historia en blanco y negro con dialecto de color, bustos de bronce, siempre al acecho de una buena ocasión para manifestar su empeño, aquellos que un día fueron y hoy siguen siendo.
cortinas de terciopelo rojo vistiendo la magia y el ensueño, cubriendo de lujo el alma de los fantasmas que dormitan entre música y versos, o acalorados discursos de toque imperial....Se respiraban sueños impregnados en el aire, pedí un café, aquel primer café...
¡Cuantas veces sentada en la mesa que quizás ocupó alguna vez la gran Alfonsina escuché la tierna historia de tu tía mientras nos servían un café¡ Quedábamos sin decirnos nada, ambos sabíamos que a las seis estaríamos siempre en el viejo café, hablando de sueños, escuchando proyectos, paladeando letras, provocando discusiones entre aquellos intelectuales que siempre vendían su vanidad por un puesto en la fama.
Dibujando entre palabras escondidas la palabra libertad, que por aquel entonces tanto se anhelaba, te servían cuarto litro de café y me decías:
__La pasión, el aroma, hasta la textura nació allí cuando mi tía hacia café mañanero y embriagaba el ambiente...y, sabes, con unos pancitos que hacían con mezclas de harinas que nunca más pude lograr tener su sabor, pienso que era el horno a leña y la mano de Martina, la encargada de la cocina de mi tía que era una mulata esbelta de ébano que bailaba como las diosas en las noches cuando era ella misma...
__Hacías un gesto de desden porteño, alzando los hombros__ No sé para que te cuento saudades presas...Me mirabas fijamente y callabas. Después te sentías a merced de la disposición casual del aserrín de semillas en la piel blanca imitación loza de una taza de café.
Siento el miedo mezclado con la adrenalina de la sorpresa y la poción resultante es un sudor frío recorriéndome toda.
Camino a ninguna parte: Mírame, tacón de aguja, falda corta, perfumada hasta los huesos y una extraña sensación de aventura que me quita el miedo y me otorga impunidad, hoy ningún suburbio se me hará difícil atravesar.
Avanzo sin decidir un rumbo, mi cabeza dibuja un callejero para lograr encontrarte, ¿la calle Esmeralda o un largo paseo por 9 de Julio?
No es un paseo lo que ando buscando, más bien nocturnidad y esa infiel alevosía que me permita poner los medios necesarios para llegar pronto a tu encuentro, así es que decido acercarme hasta la calle Florida y disfrutar de la noche..., Es tan parecido a mi amado Madrid.
Sueños esquina a deseos, Avenida de de Mayo casi esquina a Florida, un largo y cadencioso pestañeo y el mundo aparece ante mis ojos, de la lúgubre soledad al arco iris, vida, emociones, luz...
La noche no oculta el deseo de vivir esta ciudad que nunca duerme.
¿Cuanto tiempo llevo encerrada en casa? he olvidado pensar en el tiempo, o ¿quizá el tiempo se apiadó de mí y no cuenta?
Viejo escritorio, te estás apoderando de mÍ, incluso te hablo, te nombré confesor sin tu saberlo y tú, callas mis mentiras para poseerme.
¿Te he hablado del tiempo? No existe el tiempo, es un espacio perdido entre lo que tú sabes y yo cuento y decidimos medirlo para atarnos a algo, para sentir que vivimos, ¡estupidos humanos!,
Si sale o se esconde el sol, no creas que es tiempo, es solo que vives en uno u otro hemisferio, que no cuente el tiempo, que cuenten tus pasos, que cuenten tus miedos, pues ellos te hacen libre o prisionero, no el tiempo.
Y yo tengo poco o mucho tiempo, no sé, hoy voy a su encuentro, ¿crees que puede importar algo el tiempo?
Mi querido y trasnochado escritorio te voy hablando en la calle, eres más de lo que yo pienso.
Un taxista me hace señas con la mano. Le ignoro. Sigo mis pasos, sé que el paseo será largo, pero le hará bien a mi oxidado esqueleto deambular a paso ligero, aunque me gustaría pararme y contar mis pasos, como cuando éramos niños....
Pasos contados a ritmo de instrucción, mientras una voz grave lee un edicto....murmullos, silencio, ladridos de perros, algún sonoro altavoz recita palabras ininteligibles y todos atienden, mientras tiemblan las manos por la estridencia del sonido.....o ¿es por el miedo?
Tan solo hay una puerta abierta, emite un hedor insoportable y un grupo de gente hace cola ante ella, no puedo entenderlo
vuelvo a mirar el cartel de la calle, Florida, sÍ, estoy aquí,... ¿pero esta imagen?
Giro mi rostro hay mucho bullicio, la gente entra y sale sonriente de un local de comida rápida, mezclas de rojo y amarillo, cristaleras enormes, debo salir más, mis ideas se confunden, ya no sé que es la realidad, si mis viejas historias que van cobrando vida entre el papel y la tinta, o el olor a carne mezclada con el sabor a sangre en un tarro de tomate especial.
Llevo días sin hablar contigo, la duda me embarga de repente, nunca me citaste en tu vida diaria, jamás quise bordear la raya que pintó el destino ni la quise
atravesar, ¿y si no estás? y ¿si estás y no te gusta mi visita?
Sí, cómo no va a gustarte, si noto en tus ojos el brillo al mirarme, tus labios dicen como nadie te quiero y tu voz, tu voz nadie la escucha como yo,
Estarás, lo sé, y nos encontraremos con ese no sé qué que tiene Baires mientras suena un bandoneón y las piel se nos pone nueva. En un reservado café y sonrisas, la luz baja, el cielo se teñirá de noche y me dirás que me quieres mientras rezonga un tango que nos eriza la piel lentamente entrando la música en los cuerpos, te siento tan cerca , ya sin noche... ya sin tiempo.
Después de aquel primer café frecuenté con asiduidad por encontrarte ese lugar que cobijaba escritores e, intentando aprender, escuchaba conversaciones y tomaba apuntes, te miraba escondiendo mi timidez, hasta que aquella conversación me hizo saltar.
Aquél día si que te fijaste en mi, dos intelectuales divagando nimiedades sobre un autor, en una tarde de marzo, ensalzando de cualquier opinión a ese escritor que yo no admitía, hablando de la caridad,
¡no pude ni quise evitarlo!
Dejé que mi voz se oyera para quejarme:
---Caridad no es dar limosna...y así andamos...
Sin que nadie me invitara a la conversación, sentí como tus ojos se clavaban en los míos e increpaste mis argumentos, que como pelotas de tenis se movían en la mesa de un viejo café de Buenos Aires, allí empezó toda nuestra historia, diez años atrás y aún consigo retener en mi memoria tu rostro que lentamente fue cambiando de color, al igual que tus palabras, cambiando frases agresivas cargadas de ironía, por un caballeroso final de conversación:
___ A veces quiero explicar cosas y no doy en la tecla...y tu claridad al respecto ha sido primordial...Por suerte hay gente como tú...y como los otros amigos...que de a poco fuimos aclarando esto de la caridad...que se ha perdido y seria lindo volver a platicar y practicar.
Quién nos podría decir en aquel momento todo lo que viviríamos después, tantos sueños que tú ya habías vivido y yo soñaba tener, acompañando a soledad para que no haga daño y sonreírle a la vida en cada despertar.
Donde la calle Florida se viste de tango, a la altura del 165, la magia y los duendes danzan al son, cuerpo a cuerpo, juntando las tripas, como decía el Maestro Piazzolla.
Apoyando sólo la planta delantera de los pies, un cadencioso movimiento de caderas en un caminar arrabalero al compás de dos por cuatro lleva mis pasos hasta Corrientes, que tentación, podría bailar sin temor aquel viejo tango de este lugar que nunca existió.
Algunos me miran, me guiñan y se sonríen, otra pianta revolotea la ciudad y espera que la luna vuelva a rodar por Callao.
Un escaparate en la esquina de la calle es mi improvisado espejo, quisiera estar radiante, pellizco mis mejillas, humedezco mis labios, coloco mi pelo, el pañuelo en su sitio...dos cuadras más y allí estarás.
La vieja sirena vuelve a sonar. ..
Uniformes, ¿por qué me viene el recuerdo de aquellos uniformes?
De lejos se escucha un bandoneón perdido, el llanto amargo del porteño que llora una historia de amor, un viejo sentado a la puerta de un local de changue ojea un recorte de periódico, letras borradas, oscuro color, no se entiende nada, le da vueltas en las manos intentado cambiar el contenido, supongo, o quizás le da vueltas para envolverse en recuerdos , no me gusta nada su mirada, fría, blanca tez, aspecto esbelto de pelo rubio que ahora fallece en mechones plateados enmarcando su rostro, y ese porte, desafiante, altanero, me cruzo de acera, un escalofríos me recorre la espalda, siento frío, mucho frío, se ilumina la noche de color rojizo y he creído oír un cóndor atravesando la ciudad, es como sentir una sombra acechando la espalda, quedarte paralizado para verla pasar...y ella nunca pasa.
Por qué me dejaste salir de casa, viejo rufián. Acariciar tu vieja madera me produce buenas sensaciones, encerrada entre mis letras no tengo miedo a nada y dibujo el universo a mi manera, no debería buscar mas, tengo miedo.
De a poco conocí toda tu historia y mis ojos se perdían entre los versos tibios de tu callada melancolía y la fuerza de los míos que ilusos querían volar, paseaba de tu mano sin rozarla por las calles de tu infancia y en tu lento caminar dibujábamos mi España pintando un arco iris, vivía tus palabras a través de aquel cristal que le robaste al agua, a esa gota de rocío que bañó mi playa con sabor a sal...y rodaban golondrinas haciendo piruetas en tus mejillas sonrosadas, cuando mis versos calaban el percal.
Con mi historia a cuestas callejeaba Buenos Aires buscando encontrar un camino a mis sueños de escritora, hablaba de nostalgia, de amores y de miedos subida en el peldaño de un tranvía antiguo, mezclando el día a día con endecasílabos que jamás encontrarían su lugar.
Nada pedías y todo me lo dabas, te empeñaste en que aprendiera verse, con lo difícil que a mí me resultaba y en la pelea salía el lunfardo de tu añorada juventud:
___No te hagas la bataclana conmigo y cómprate unos buenos pepos encharolaos pa que igualen tu brillo, que tus narpies se luzcan paica, con un toque rococó...así te das dique en el rioba.
Yo me reía sin parar y tú más te enfadabas y más me decías,
.-jermu Pizpireta junas que toy enamorao de vos?
Envolviste en bohemia mi alma y me dejé atrapar, aunque el misterio vivía en tu cosas y eso me gustaba, nunca sentí la necesidad de averiguar, pero algo había en tu mirada, en el color de tus ojos que nada dejaba atravesar, en tus ojeras marcadas.
Imagino ya tu cara cuando me veas llegar, tus ojos, quiero encontrarme en ellos sumergida, tus manos que aprisionen mis sentidos y me rodeen con fuerza para poder bailar a media luz, un excitante blues frente a la barra del bar.
Cruzo Corrientes casi sin pensar, creo que conozco cada empedrado de la acera y he de resistirme a volverla a pasear pues hoy mi vida se descifra en otra calle y la presiento cerca, tan cerca como a veces tú respirar.
Lavalle es un dibujo de luces en el firmamento, creo que los nervios no me dejan respirar, al final de la calle hay un estrecho cartel luminoso que parpadea, pocas farolas encendidas aquí, escenario perfecto para una novela negra. Poco antes de la puerta de entrada, un callejón enmohecido deja salir maullidos atávicos, gemidos secos, olor a basura y un ahogado sonido de saxo que limita los ruidos de los gatos, mientras las luces del cartel dibujan sombras chinas en las chapas de metal de los cubos de basura que rebosan dignidad.
El viejo Von Vereite tenía razón, su descripción es exacta, puede que éste sea el prostíbulo donde esconde sus pasos mi protagonista, aquel niño que no consiguió la certificación de la Lebensborn y consiguió salir de Kalish soñando que encontraría su identidad. Callejones, oscuras bocas de lobo, sólo las luces de las ventanas, las pisadas huecas, sonido especial en la noche, en el silencio los grillos, las ranas croando en el zanjón, el silbar de los pinos cuando el viento arrecia y el cielo oscuro tachonado de estrellas.
Los nervios vuelven a traicionarme, vuelvo mis pasos buscando el local de Pool y Blues, tiene que estar aquí mismo, otra vez mi cabeza juega con mis historias mundanas, arreciando vendavales en mis entrañas, provocando escribir todo esto que sentí.
Encajé los pasos perdidos de mi imaginación, ahora sé como continuar, vi la luz a mi novela, pero tengo que terminar ya, me esta volviendo loca y hoy debo olvidar.
Mañana la historia seguirá su curso en el papel húmedo de mi escritorio, bajo la tenue luz del cartel de hotel que se cuela por mi ventana y alumbra mis noches.
Llevo tanto tiempo esperando ser yo la que te sorprenda, que mis manos se quedaron frías y mi falda no da más de si por mucho que yo la estire para tapar mis piernas que tiemblan sin cesar, el paso me llena de angustia, es salir del cuento y ser realidad.
Un flaco porteño, un cafiolo vulgar abre la puerta del local haciéndome una mueca burlona, supongo que he de entrar, si pongo un pie en el escalón habré condenado mi historia, pero tengo tantas ganas que casi ni lo piso, una cortina de humo se presenta ante mi y suena un apasionado Roy Buchanan animándome a entrar.
Me coloco en la esquina de la barra, preferiría que no me vieras aun, pido una copa e intento relajarme escuchando con pasión ese rasguear de guitarra que tanto me gusta, no consigo ver ni una sola mesa de billar, hay tanto humo, el sonido esta tan alto, que las voces se confunden con risas y no sé, quizás no fue muy buena idea llegar.
Camino entre las mesas abarrotadas de copas ya vacías, ceniceros rebosando cigarros apagados y bailarines dejándose abrazar, hay tan poca luz que no distingo bien, pero sé que cuando llegue a ti cruzaremos la mirada y todo se iluminará. Escucho al fondo una carcajada inmensa y creo reconocer tu voz entre las risas, dos muchachas se regalan a un tipo que no se resiste, me acerco pero ni miro por que tú no serás y al volver mi cara cuando escucho tu voz clara y concisa, se descerraja mi alma entre los cristales de la copa que lentamente cae, haciéndose añicos a mis pies como mi ilusión.
Es rubia y besas su boca como si jamás tus labios hubieran probado mujer, tus manos se pierden entre su blusa y sus piernas son una trenza en tu cintura, ríes sus caricias y cambias tu lengua dejando la suya, buscando otra boca.
Escucho tu susurro en su oído diciendo__Mimosa déjate querer__ y marmolicé para siempre mi alma.
Inmóvil, sin saber que hacer, siento como un nudo ahoga mi garganta y mi saliva se vuelve áspera y espesa.
Tus ojos se cruzan con los míos en el instante que decido marcharme sin decirte nada, no he debido entrar, atropellar tu vida es perder lo que me regaló el destino, por qué pretender más.
No puedo apartar mis ojos de los tuyos que observan mi imagen como una velada alucinación, ni un gesto, fijo como yo no haces nada, tan solo mirarme mientras te dejas acariciar y te regalan palabras y risas alocadas.
El brillo de tus ojos quedará marcado en la noche negra de mi silencio, allí, indiferente, ni sorprendido ni alterado, de tu boca no salió ni una palabra.
Aparto mi cuerpo de esta escena, no ha de dolerme, mi vida era feliz detrás de aquella gota de rocío que bañó mi playa con sabor a sal sin pretender más de lo que tengo. He de volver, con calma, buscando la salida y regresar a mi pequeña habitación donde seguir relatando "El pequeño Hans" y como cada tarde desde hace diez años, salir al café y vivir mi verdad.
Casi en el umbral de la puerta siento tu mano posándose en mi hombro apretando con fuerza tus dedos sobre mí, tu voz dice:
__Amor, hueles a Jazmín
Sin volverme rozo con mis dedos el envés de tu mano que acaricia ya mi húmeda mejilla y a mi memoria llega la imagen de aquel indio Charrua que aún conserva el alma de bohemio y la regala en cada madrugada para ayudar a vivir.
__Será siempre tu jazmín__ contesté y dejé que tu mano apretara la mía sabiendo los dos, que este día no tendría fin.
La calle empedrada empezaba a empaparse de esa lluvia fina que el extraño mes de octubre regaló al ambiente, mis pasos en un frío caminar volvían sus andanzas y allí, sin mirar atrás, dejando el olor a Jazmín de Octubre como estela para que me siguieras, creyéndome morir te dije en voz muy baja:
__Te espero como cada tarde sentada frente a la ventana del viejo Tortoni, entre las maderas nobles que abrigan mi alma, acariciando el mármol de aquella mesa que callada, me verá ofrecerte, un último café.
Solo el alma sabe lo que es desnudarse frente al espejo de la desilusión y ver en el reflejo una historia ya vivida, que por olvidada, está condenada a repetirse.
La sangre seca cobra vida y brota el desconsuelo por la cicatriz abierta,
el último ropaje se quedó en los versos que le dedicó
a su derrota, buscando con su desnudez encontrar ayuda
Cae la noche gota a gota destilando su negrura, disolviéndose en el humo fragrante que desecha la luna, fijando, sosegada y juiciosa, su bálsamo esencial, tapizando con silencios muertos las notas difusas de un cansado nocturno.
No quiero robarle inspiración a la tristeza, ni profanar la memoria de una bella noche oscura, pero el aroma embriaga mi alma de la melancolía intensa que desprende la noche en una destilación fraccionada.
Se maceran los sueños filtrando su esencia volátil, inconstantes momentos que se mueven al antojo de las vanidades, fiel aroma que empapa las carnes.
Se envasa la noche en versos cantados a la luz de la luna y mi voz te convoca, se consume el tiempo, me requema el alma
y es entonces cuando persigo tus pasos como sombra tibia
pretendiendo perfumar la desnudez de tus superficies.
..................................
Cuando el mundo entero
es una confusión irreparable
Y las gotas de lluvia
caen por todas partes
el Cielo abre un sendero mágico…
Cuando todas las nubes
oscurecen el firmamento
aparece el camino del arco iris
para que lo encuentres
conduciéndote desde tu ventana
hacia un lugar detrás del sol
unos pasos más allá de la lluvia...
En algún lugar, sobre el arco iris
muy en lo alto
existe una tierra que soñé
una vez en una canción de cuna.
En algún lugar, sobre el arco iris
los cielos son azules
y todos los sueños
que te animas a soñar
se hacen realidad.
Algún día desearé una estrella
y despertaré
donde las nubes están
detrás mío
donde las risas caen
como gotas de limón
por encima de las chimeneas
Allí es dónde me hallarás...
En algún lugar, sobre el arco iris
Si los pájaros felices vuelan
más allá del arco iris
¿Por qué, no puedo hacerlo yo?.
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PARTE DE MI HISTORIA RECIENTE
UN REGALO QUE ME ALEGRA EL ALMA
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